lunes, 27 de mayo de 2013

¿Te mareas? Mareo y síncope: cómo actuar



Los episodios de mareos son bastante frecuentes en la edad pediátrica, sobre todo desde los 10 a los 20 años. Se estima que antes de los 20 años la mitad de las mujeres y un tercio de los hombres habrá padecido al menos un episodio de mareo con pérdida de consciencia.

Hablamos de síncope cuando se produce una situación de mareo, acompañada en muchas ocasiones de nauseas, palidez, sensación de sofoco y visión borrosa, seguido de una pérdida de consciencia de segundos o pocos minutos de duración, para después recuperarse de forma espontánea en pocos minutos. Esta situación se debe a un descenso de la tensión arterial que provoca que llegue menos sangre al cerebro. Aunque también se pueden producir el mismo tipo de síntomas con otras causas: bajada de azúcar, intoxicación medicamentosa, ataque epiléptico, etc.

Existen situaciones especiales que pueden predisponer al mareo o incluso al síncope. Las más frecuentes son: estrés emocional, ansiedad ante el dolor (antes de un pinchazo, al ver sangre, el dolor ajeno…), permanecer de pie de forma prolongada, los espacios cerrados o aglomeraciones, al orinar por la noche, al defecar, tirones de pelo, tos continuada, llanto enérgico (sobre todo en niños pequeños).

Una de las situaciones más frecuentes sucede al levantarse de la cama. Al pasar de estar tumbado a ponerse de pie, la sangre se acumula en las piernas por el efecto de la gravedad, por lo que el corazón debe latir más fuerte y más rápido para impulsar la sangre hasta la cabeza. En esos escasos segundos podemos notar una sensación de mareo hasta que la sangre vuelve al cerebro.

¿Cómo debe actuar el paciente?

Lo primero que debes hacer si notas que te vas a marear es sentarte o tumbarte en el suelo para evitar que al caer te golpees con algún objeto. También es útil elevar las piernas para facilitar el retorno de la sangre al corazón. 

Seguidamente debes acudir a tu pediatra o a urgencias pues aunque la mayoría de los mareos y síncopes son de causa benigna es preciso descartar enfermedades cardiacas o neurológicas potencialmente graves.

¿Cómo deben actuar los padres o acompañantes?

Si ves que alguien se va a marear, ayúdale a estirarse en el suelo y levántale las piernas. Si ha perdido la consciencia es preciso hablarle, zarandearlo o pellizcarlo para que se recupere. También sirve ventilarle o echarle agua en la cara. Si a pesar de todo no recupera la consciencia debéis avisar al 112 o al 061.

En la consulta le tomarán la tensión y le mirarán el nivel de azúcar en sangre, mientras que en urgencias si es el primer episodio, también le practicarán un electrocardiograma. Si todo es correcto será derivado a la consulta de cardiología y/o neurología para descartar otras causas y corroborar la benignidad del proceso.

¿Cómo podemos evitarlo?

En este punto hay que insistir en que la mayoría de los mareos o síncopes, una vez descartadas causas cardiacas o neurológicas, son de carácter benigno. Si hay alguna situación especial que nos provoque mareo, hay que intentar evitarla. Si ello no es posible podemos prepararnos para minimizar los síntomas:
-      Sentarse
-      Beber abundante agua
-      Comer alimentos ricos en sal: el típico bocadillo de jamón serrano en el desayuno
-      Echarse agua fría en la cara o beberla rápidamente
Existen una serie de maniobras que podemos realizar cuando empezamos a notar los síntomas de mareo y que tienen por objeto aumentar la tensión arterial: apretar los puños y tensar los brazos, cruzar y tensionar las piernas o ponerse de cuclillas.

Artículo del Dr. José Manuel Siurana, pediatra y cardiólogo de la Fundació Hospital de Nens

miércoles, 22 de mayo de 2013

Trastornos de los pies



Dentro de la consulta del pediatra, los aspectos relacionados con el aparato locomotor son motivo de preocupación frecuente por parte de las familias. Frases como “Cuando anda, mete un pie hacia dentro” o “Mírele bien los pies porque yo a su edad, 3 años, tenía los pies planos” suelen ser habituales durante las visitas de control anuales.
Por suerte, la mayoría de estos defectos suelen ser pequeñas deformidades sin significado patológico y que, con el crecimiento del niño, se suelen corregir de forma espontánea. También es cierto que un pequeño porcentaje de pacientes puede presentar patologías más severas que requerirán la indicación de tratamiento ortopédico e incluso quirúrgico.
Cada edad y cada zona anatómica tienen unas características específicas que determinan la presencia de unas u otras deformidades.

Pie plano
Los pies planos son, con diferencia, uno de los motivos de consulta más frecuentes en ortopedia infantil. En la mayoría de los casos, se trata de una deformidad fisiológica normal hasta los 4 o 5 años de edad. Ésta, es debida a la laxitud de los ligamentos que sujetan las articulaciones y la persistencia de grasa subcutánea en la bóveda plantar del pie. Hablamos de pie plano laxo. Para diferenciarlo de un pie plano patológico, observaremos el pie en reposo, sin apoyo, donde apreciaremos como el arco plantar es perfectamente identificable. En apoyo, el pie plano laxo puede mostrar una actitud en valgo (con el talón hacia fuera). Este tipo de pie plano no requiere tratamiento ortopédico y, en todo caso, el paciente puede realizar sencillos ejercicios como andar descalzo de puntillas para reforzar la musculatura del arco plantar. En ocasiones, si la actitud en valgo es muy marcada pueden estar indicadas plantillas que mejoren el apoyo del pie mientras éste acaba de tomar su forma definitiva. 

Pie normal
 
Pie plano valgo


A diferencia del pie plano laxo, el pie plano patológico presenta una deformidad permanente debida a la mala posición de alguno de los elementos que forman la estructura ósea del pie. En este caso, la solución incluye desde tratamientos ortopédicos hasta intervenciones quirúrgicas. El pie plano astrágalo vertical y el pie paralítico son ejemplos de pies planos patológicos.
 
Pie plano patológico




Pie cavo
El pie cavo es una malformación producida por un aumento excesivo de la bóveda plantar. Aunque menos frecuente que el pie plano, es también un motivo de consulta habitual en la visita al pediatra. El pie cavo puede estar asociado a patología neurológica diversa (como por ejemplo la parálisis cerebral) aunque, una vez descartada, hablamos de pie cavo idiopático o de causa desconocida asociado frecuentemente a dedos en garra y presentando un elevado componente familiar.
Al igual que el pie plano, el pie cavo suele ser bien tolerado por los niños que lo padecen y, por tanto, el tratamiento debe plantearse cuando éste ocasione dolor. El tratamiento incluye desde ejercicios de estiramiento a plantillas para mejorar el apoyo plantar mientras que el tratamiento quirúrgico no suele ser necesario en edad infantil.
 
Pie cavo


Pie equinovaro
El pie equinovaro o zambo, es una malformación congénita que consiste en una orientación del pie hacia abajo (equino) con las plantas mirando hacia dentro (varo). El origen de la deformidad no es del todo conocido y se aboga por distintos mecanismos tanto de origen genético como mecánico (falta de espacio intrauterino)
El diagnóstico suele realizarse al nacimiento aunque la detección  prenatal ecográfica cada vez es más frecuente. El tratamiento debe ser muy precoz e incluye yesos correctivos desde los pocos días de vida, una pequeña intervención para el alargamiento del tendón de Aquiles y unas férulas de abducción hasta los 4 años que impiden la recurrencia de la deformidad.
 
Pie equinovaro
 
Férula de abducción


Bibliografía
Conceptos básicos de ortopedia infantil. Joan Minguella. 2ª Edición 2001. Ediciones Ergon, S.A

Artículo del Dr. Ferran Cachadiña, Dirección de Planificación, Organización y Calidad; y pediatra de Urgencias y de Consulta Externa de Pediatría.