miércoles, 13 de marzo de 2013

Gastroenteritis y deshidratación

Estos días en que parece que la temporada de gripe va llegando a su fin, la actividad hospitalaria vuelve a un ritmo menos intenso. Los cuadros de origen respiratorio han dado paso a otro tipo de virus en el ambiente que están ocasionando problemas gastrointestinales. En algunos de los niños hemos detectado la infección por rotavirus. Otros tienen virus similares que se caracterizan por dar niveles variables de fiebre, vómitos y/o diarreas.

En caso de tener una gastroenteritis, uno de los aspectos más importantes es mantener un correcto estado de hidratación. Por posibilidad de pérdida de líquido, aunque los vómitos pueden parecer muy abundantes (quizá por la forma como se “expulsan”), la realidad es que la diarrea tiene mayor capacidad de originar pérdida de líquido y deshidratación. 


La deshidratación se producirá en aquellos casos en los que hay un desequilibrio entre lo que se pierde (por diarrea principalmente, y/o por vómito) y las entradas de líquidos que se produzcan. Lógicamente a más pérdidas, serán necesarias más entradas. Y este hecho puede suponer un problema en algunas ocasiones en las que el niño está desganado y poco animado.

Cuando se producen pérdidas de líquido, el mecanismo natural que se activa es la sed. Por eso por ejemplo en verano, cuando hace más calor, sudamos más y transpiramos más, tenemos más sed y bebemos más líquidos de forma espontánea. Así que en caso de gastroenteritis es bueno reforzar ese mecanismo que ya tenemos de forma fisiológica e ir ofreciendo líquidos de forma frecuente especialmente a los más pequeños que por edad no “saben” pedirlos.

La valoración del estado de hidratación se hace contrastando algunos datos clínicos, algunos de los cuales son fácilmente observables a simple vista. Por ejemplo, un niño deshidratado dejará de producir diuresis o hará muy poquita con el fin de “ahorrar” pérdidas de agua. También tendrá más tendencia a dormir, a tener los labios y la lengua secos y a si llora, hacerlo sin lágrimas.

Para determinar que un niño está deshidratado no se necesitan analíticas ni pruebas de laboratorio. Las analíticas tiene sentido una vez se constata la deshidratación, para comprobar el grado de descompensación metabólica y establecer cuál es el suero más adecuado para cada situación (es decir, no todas las deshidrataciones son iguales, y la forma de rehidratar también variará).

Para tratar deshidrataciones leves y –muy importante- también para evitarlas, es conveniente ofrecer suero de rehidratación oral que venden en las farmacias. Existen diferentes fórmulas comerciales. No todas son iguales, y es preferible guiarse por la que indica el pediatra. En cualquier caso los preparados de farmacia tienen unas garantías de composición que no se obtienen con fórmulas caseras ni con bebidas para deportistas.

Para hacernos una idea orientativa de cuánto suero debemos administrarle a nuestro hijo, una forma de calcularlo es dar 10 mililitros de suero por kilo de peso por cada diarrea y 2 mililitros de suero por kilo de peso por cada vómito. Así por ejemplo, si nuestro bebé pesa 10 kilos, tendríamos que ofrecerle 100 ml de suero por cada diarrea y 20 mililitros de suero por cada vómito. Son cantidades aproximadas y no debe forzarse en exceso su toma, manteniendo la ingesta del resto de líquidos habituales y también en lo posible, la alimentación. 

Dra. Amalia Arce, responsable de E-Salud

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