martes, 26 de junio de 2012

Picaduras de insecto (y II): Prevención y tratamiento

Imagen del Children's Hospital de Colorado

¿Cómo prevenir las picaduras en los niños?

En lugares cerrados se pueden emplear difusores eléctricos que liberan sustancias activas (piretrinas o derivados). No hay que confundirlos con los aparatos que producen ultrasonidos, los cuales no han demostrado ninguna eficacia como repelentes de insectos. Existe también el sistema de combustión de sustancias, por lo general espirales de resinas con piretrinas. Hay que tener mucho cuidado de mantenerlas en un lugar no accesible para los pequeños.
Las piretrinas también se usan en forma de pulverizadores que pueden aplicarse sobre la ropa o los tejidos de la casa, pero nunca sobre la piel.
Si queremos evitar las picaduras en el exterior, es preferible proteger la mayor superficie posible de la piel del niño con ropa. Las lociones, aerosoles o cremas que pueden aplicarse sobre la piel, y cuya eficacia está demostrada, tienen en su composición sustancias como la dietiltoluamida DEET u otras amidas, éteres o alcoholes. Hay que evitar su administración en heridas, cerca de las mucosas u orificios faciales, y en las manos de los niños por que pueden llevárselas a la boca. En ningún caso dejaremos que los niños se apliquen los repelentes ellos solos.
Es importante leer el prospecto de los productos, pues allí nos indicará si es apto para niños o bebés, según su principio activo o su concentración. En general, los repelentes químicos no están permitidos en menores de dos meses. En estos casos las lociones elaboradas a base de sustancias más naturales como la citronella o el eucalipto, pueden ser una alternativa válida, aunque su eficacia sea más dudosa. Consulte, en cualquier caso, siempre a su médico o farmacéutico, y huya de los consejos de los profanos, pues que un producto esté hecho a base de plantas no lo exime de riesgos.
En los últimos años se han puesto de moda los parches y las pulseras antimosquitos. Su eficacia no está demostrada (no parece que su alcance sea mayor de unos pocos centímetros), y además tampoco se conocen bien los riesgos.
En caso de viaje a ciertas zonas exóticas (África, Asia, Sudamérica..) puede ser necesario realizar alguna prevención especial para las enfermedades transmisibles de la zona (malaria, enfermedad del sueño…). Consulte a su agencia de viajes o a su centro de salud.

¿Cómo tratar las picaduras en los niños?

Se recomienda en todos los casos mantener una correcta higiene de la piel y de las uñas para evitar la sobreinfección.
Si los síntomas son leves y el niño no se rasca, no suele ser preciso hacer ningún tratamiento.
En caso de picor puede administrarse una loción antipruriginosa (calamina, mentol o alcanfor) renovándola a menudo para evitar el rascado. Conviene evitar las prescripciones farmacéuticas con antihistamínicos tópicos por el conocido riesgo de desarrollar alergias.
Si el picor es muy intenso, las lesiones presentan mucha inflamación, o han aparecido ampollas y /o costras debe ser un médico o un farmacéutico el que valore la necesidad de prescribir tratamiento. Los antihistamínicos orales son muy eficaces contra el picor. Las lesiones se tratarán con corticoides tópicos, asociados o no a antibióticos si se sospecha infección.

Casos especiales

Cuando hay aguijón o una garrapata adherida: Es preferible de que un médico se asegure de que la extracción es completa. Después habrá que desinfectar la zona y aplicar corticoide si se ha producido mucha inflamación.
Cuando hay mucha costra: Aplicar antibiótico sobre la picadura evita la infección. Hay que asegurarse de que la vacunación antitetánica es correcta.
En caso de alergia conocida a avispas u abejas: su médico le informará de la medicación que debe llevar consigo (kit de emergencia con adrenalina) para, en caso de picadura, administrar de manera preventiva para evitar el riesgo de “shock anafiláctico”.

Conclusiones

Los niños son especialmente vulnerables a las picaduras. Las alergias a las picaduras pueden desencadenar cuadros de extrema gravedad.
Las picaduras pueden transmitir enfermedades.
Hay que tener en cuenta la edad del niño a la hora de elegir un repelente.
No administre al niño medicamentos para las picaduras sin consultar al pediatra.
En casos de picaduras persistentes o síntomas extraños conviene consultar siempre al médico.

Segunda (y última parte) del artículo. Redactado por la Dra. M. Isabel Martínez de Pablo del Servicio de Dermatología.

lunes, 25 de junio de 2012

Picaduras de insecto (I)

Seguro que a todos vosotros os ha picado alguna vez algún insecto. Es un acontecimiento molesto, pero, por lo general, banal, y que en ocasiones puede ser difícil de prevenir, sobre todo en las épocas más calurosas del año.
Los más pequeños son especialmente susceptibles, en primer lugar porque en verano acostumbran a llevar gran parte de su superficie corporal al descubierto; en segundo lugar porque presentan unas características inmunológicas especiales, que hacen que la picadura se pueda manifestar con mayor intensidad que en los adultos, e incluso transmitir enfermedades o desencadenar cuadros graves. En casos concretos de pacientes muy sensibles o alérgicos, una picadura puede tener un riesgo vital (el shock alérgico o anafiláctico).
Los más pequeños, además, tienen la peculiaridad de no resistirse al rascado, con el consiguiente riesgo de infección de la picadura y alteración de la cicatrización normal.

Imagen de rubiodistribuciones.es

Tipos de artrópodos

Los agentes que habitualmente pueden causar picaduras son de la familia de los insectos (moscas y mosquitos, tábanos, abejas, avispas, hormigas, pulgas y chinches) o de la familia de los arácnidos (arañas y garrapatas).

Síntomas

La mayoría de las veces no se es consciente de la picadura inicial, sino que lo que se aprecia es la reacción que produce al cabo de unos minutos u horas. Sin embargo en caso de avispas, abejas y algunas arañas no suele pasar desapercibido.
La lesión inicial suele ser una pápula roja (granito), con mayor o menor inflamación, en el centro de la cual se puede observar un punto central, con costra o vesícula (ampolla pequeña). El picor es un síntoma muy habitual. Si la ampolla es muy grande, o la lesión se manipula, enseguida aparece una úlcera y una costra, y éstas serán las que determinen el grado de cicatriz residual.
En casos de que el paciente sea alérgico a la picadura, los fenómenos inflamatorios serán mayores, e incluso se puede llegar a presentar dificultad respiratoria, dolor abdominal, confusión y desvanecimiento por fallo cardíaco e incluso muerte.

Características especiales de algunas picaduras

Pulgas y chinches: se suelen adquirir en zonas rurales y sobre todo si hay animales de granja, las primeras, o en casas antiguas, los segundos. Se reproducen en todas las épocas del año. Suelen picar varias veces en una misma zona (“desayuno, merienda y cena”), por lo que no es raro encontrar varios granitos agrupados. Eligen zonas calientes y cubiertas (cintura, zona de la ropa interior).
Mosquitos: prevalecen en épocas cálidas y zonas húmedas. Se suelen encontrar picaduras dispersas en las áreas del cuerpo no protegidas por la ropa.
Arañas: las venenosas son raras en nuestro país. Su mordedura produce una costra por necrosis de la piel.
Garrapatas: en zonas rurales en las cuales hay animales. La picadura puede ser indistinguible de otras, pero suele ser habitual encontrar el artrópodo adherido a la piel.

Enfermedades transmisibles

Tanto los mosquitos como las garrapatas son agentes transmisores de enfermedades potencialmente graves en nuestro medio. Ante cualquier picadura que no cura en pocas semanas,  ante la aparición de manchas alrededor de la picadura o si el niño presenta síntomas generales (mareos, fiebre, dolores reumáticos o de cabeza), consultar al pediatra, informándole del antecedente de la picadura, pues es importante que descarte infecciones parasitarias o bacterianas transmitidas a través de la picadura.

Primera parte del artículo, redactado por la Dra. M. Isabel Martínez de Pablo, del Servicio de Dermatología.

viernes, 22 de junio de 2012

Picaduras de medusa, ¿qué podemos hacer?



Algunas medusas, corales y anémonas poseen en su superficie una sustancia “venenosa” o irritante (neurotoxina), que al contacto con la piel puede provocar erupciones y lesiones de gravedad variable. En nuestro país las medusas llegan a la costa sobretodo tras la época de reproducción.

¿Qué síntomas puede producir?
El primer síntoma suele ser una sensación ardiente o eléctrica en la zona de contacto. Posteriormente darán su aparición las lesiones,  en general dibujando el área de contacto. Se pueden presentar en forma de “ronchas”, ampollas, e incluso úlceras, que por lo general pican mucho o son bastante dolorosas. En caso de afectación de una importante superficie cutánea, y sobre todo en algunos individuos predispuestos, se puede llegar a un cuadro por toxicidad generalizada, con dificultad para respirar, vómitos, calambres musculares e incluso shock.

¿Qué podemos hacer?
En primer lugar hay que comprobar que no quedan residuos de los tentáculos adheridos o incrustados en la piel del niño. Si esto es así, NO SE DEBE LAVAR LA ZONA CON AGUA DULCE, AGUA CALIENTE O HIELO.  Debemos evitar también frotar la zona o que el niño se rasque. Todo esto puede perpetuar la liberación del “veneno” y empeorar el cuadro. Si no puede valorar el caso inmediatamente ninguna persona cualificada, se limpiará la zona con vinagre o con agua de mar y se cubrirá hasta recibir atención médica. Los residuos se eliminarán cuidadosamente con pinzas o agujas, en condiciones higiénicas idóneas.
Cuando está claro que no hay residuos, en general bastará con curas antisépticas (alcohol, povidona, clorhexidina…). Para frenar la inflamación se administrarán corticoides tópicos, a los que se puede añadir antihistamínico oral (en caso de picor), o bien paracetamol o antiinflamatorios orales (en caso de dolor). El médico puede recomendarle realizar curas con antibiótico en pomadas si ve riesgo de infección.
Los casos con sintomatología general deberán ser siempre atendidos de forma hospitalaria, e incluso puede que se le recomiende llevar un “kit de emergencia”, como en el caso de las alergias a picaduras de insectos.

¿Y cómo podemos evitarlo?
Si es posible, hay que evitar los baños en zonas con abundancia de medusas. Sólo los tejidos gruesos parecen proteger del contacto (Neopreno, Lycra gruesa,…). Evite que los niños toquen animales o restos marinos; aunque parezcan muertos pueden liberar el veneno.

Entrada escrita por la Dra. M. Isabel Martínez de Pablo, del Servicio de Dermatología.