martes, 1 de julio de 2014

¿Tengo mastitis?



Tanto en el grupo como en la consulta de lactancia recibo con muchísima frecuencia madres lactantes con dolor y durezas en el pecho y es por eso que este post lo he dedicado a hablar del dolor mamario durante la lactancia.

La mastitis es una inflamación del pecho (con o sin infección) que produce dolor; pero puede haber otras causas de dolor sin mastitis, siendo las más frecuentes la ingurgitación y la obstrucción de un conducto.

La ingurgitación o congestión mamaria ocurre cuando los pechos producen más leche de la que el lactante extrae, aumentando ambos de tamaño y provocando dolor. Se da más frecuentemente en el primer hijo, y cuando durante los primeros días se amamanta al bebé con horarios rígidos y pocas tomas al día, o se le ofrecen suplementos de suero o leche artificial. La ingurgitación es mucho menos frecuente cuando el bebé se pone al pecho desde el primer momento tras el nacimiento y muy a menudo (unas 12 veces al día) los primeros días. En épocas posteriores de la lactancia es más raro, pero puede pasar si hay separación momentánea de madre y lactante (hospitalización de madre o hijo, horario de trabajo) o si el lactante mama menos por enfermedad u otro problema o, simplemente, al dormir más horas por la noche. Puede provocar algo de fiebre si la ingurgitación es importante.

La solución es simple: extraer la leche (amamantando o con sacaleches) y calmar el dolor si es necesario (antiinflamatorios). Quien mejor extrae la leche es el lactante: lactancia a demanda y frecuente del niño. En circunstancias especiales será preciso utilizar sacaleches.
Generalmente al poner en práctica estas medidas los síntomas desaparecen en 48 horas; si persisten deberías consultar. 

La obstrucción de conductos o la mastitis es la inflamación, normalmente de origen infeccioso, en una parte de un pecho que está más roja y endurecida de lo normal y provoca dolor localizado. Se puede acompañar de fiebre y molestias como las de la gripe (dolor de huesos y articulaciones). En la obstrucción de un conducto, hay un componente de retención de leche (como en la ingurgitación, pero en una zona de un solo pecho) y en la mastitis, se produce una infección de esta leche retenida.

Es más frecuente cuando hay grietas o fisuras en el pezón (generalmente por mal agarre), cuando se saltean tomas o se restringe el tiempo que el bebé está mamando, cuando el bebé tiene un frenillo lingual corto, si la mamá tiene mucho cansancio o estrés y si se usan sostenes muy ajustados.

El tratamiento fundamental será el mismo de la ingurgitación: extraer leche con mucha frecuencia (el niño y/o el sacaleches) y calmar el dolor (antiinflamatorios). La zona que el lactante vacía mejor del pecho es la que está más cerca de su mentón: cambiando la posición del niño convenientemente para que su mandíbula apunte hacia la zona inflamada, esta se vaciará mejor. A menudo es también útil masajear la zona inflamada con suaves presiones hacia el pezón, tras aplicar calor en la zona. Puede hacerse bajo la ducha o en un baño de agua caliente. A veces se observa la salida de un pequeño tapón mucoso. Es importante ofrecer el pecho muy frecuentemente al bebé ya que es la forma más eficaz de vaciado.

La leche del pecho enfermo es ligeramente más salada, por lo que puede haber problemas de rechazo del lactante a mamar de ese lado, lo que obligaría a la utilización más frecuente del sacaleches.
 
Imagen de la página de la Dra. Rocío Martín-Gil http://consultamedicadelactancia.blogspot.com.es/

Si el problema no se resuelve en 24 horas o aparece fiebre y malestar general, es posible que haya infección. Se puede intentar durante 24 horas ver si mejora con la simple extracción frecuente y antiinflamatorios. Si los síntomas se mantienen o empeoran, puede ser necesario dar antibióticos sin olvidar la extracción frecuente, a ser posible por el niño. En caso de requerir antibióticos lo ideal sería realizar previamente un cultivo de leche materna para identificar al germen que produce la infección y corroborar que el fármaco recetado es el más indicado para el tratamiento. Los antibióticos solos, sin vaciar el pecho, puede que no sean efectivos. Es importante recordar que el reposo es una parte esencial del tratamiento. Algunos probióticos también podrían ayudar en estos casos.

Aunque haya infección el niño no se contagia al mamar y la mayoría de los antibióticos usados son totalmente compatibles con la lactancia y no perjudican al bebé (www.e-lactancia.org). Hay que seguir dando el pecho; destetar durante una mastitis no es recomendable, porque al no vaciar el pecho puede producirse un absceso (acúmulo de pus). 

Artículo de la Dra. Paula RodríguezAlessi, pediatra e IBCLC, responsable del grupo de lactancia de la Fundació Hospital de Nens de Barcelona.

martes, 10 de junio de 2014

Acúfenos en Pediatría: Alternativas terapéuticas



Los acúfenos (tinnitus en inglés) son la sensación de oír un sonido sin que el oído reciba un estímulo externo. Esta sensación es un síntoma que pone de manifiesto la mala función del órgano del oído interno (órgano de Corti). Los acúfenos son una especie de zumbidos que ocasionan en quien los padece malestar y ansiedad. 

Es una alteración muy frecuente y según las estadísticas se acercaría a un 18% de la población, pudiendo también afectar a los niños y las niñas. 
 
Imagen obtenida de la página terapiasysalud.com.ar
Para que nos hagamos una idea de cómo se producen los sonidos y los acúfenos nos podemos imaginar un campo de trigo (las células auditivas) peinado por el viento. 

En condiciones normales, una vez pasa la racha, las espigas vuelven a su posición vertical. Cada vez que la espiga se inclina se genera un pequeño impulso eléctrico: el sonido. Como luego vuelven a estar verticales, dejan de producir electricidad y se quedan en silencio.

Si el viento es muy fuerte, las espigas pueden quedar dobladas de forma irreversible, es decir, si fuesen células estarían produciendo de forma continua un pequeño impulso eléctrico. Este es el mecanismo por el cual se generan los acúfenos.

El tratamiento del acúfeno suele empezar con fármacos vasoactivos: ayudan a que llegue sangre al oído. Cuando estos fármacos no funcionan se pasa a mecanismos de rehabilitación que consisten en aprender a no escucharlos.

Desde julio del 2013 estamos desarrollando una innovadora alternativa terapéutica que consiste en una radiofrecuencia (Ototech) que busca la activación metabólica mitocondrial del oído interno. Esta electroterapia ayuda a activar el metabolismo del órgano de Corti consiguiendo una regeneración celular y curación del acúfeno.

Artículo del Dr. Gonzalo Martínez-Monche del Servicio de Otorrinolaringología de la Fundació Hospital de Nens. 

lunes, 12 de mayo de 2014

Nuestra hija tiene anorexia




Dentro de dos semanas hará un año que empezamos a ver que algo le pasaba a nuestra hija de doce años. Que los continuos dolores de estómago y las pocas ganas de comer eran demasiado frecuentes, que empezaba a estar débil y muy delgada. Un aviso desde el comedor de la escuela de que allí tampoco comía correctamente y un último dolor de estómago con vómitos y diarrea que la hizo perder aún más peso fueron los últimos avisos que nos hicieron entender que teníamos que hacer algo.


Primero fue el médico de cabecera del pueblo donde vivimos, que nos encargó hacerle análisis de sangre y una ecografía para descartar problemas en el estómago y luego una derivación a las urgencias en el Hospital de Nens una vez tuvo los resultados y comprobó que no había ningún problema constatable y que el peso seguía bajando. Desde urgencias, la asignación de una pediatra del Hospital de Nens, que es quien nos está haciendo el seguimiento, que encargó una serie de pruebas más para descartar otras posibles causas y rápidamente nos derivó a una primera visita con una psicóloga del SETCA (Servicio Especializado en Trastornos de la Conducta Alimentaria). Todos ellos nos fueron indicando que quizás sí que nuestra hija tenía lo que tanto miedo nos daba. Pero había que visitar a la psicóloga para confirmarlo. El diagnóstico no es inmediato. Hubo muchas preguntas y algunas visitas con nosotros y con nuestra hija a solas con la psicóloga para detectar si realmente se trataba de un trastorno alimentario.


Las tres primeras visitas con la psicóloga las hicimos al propio Hospital de Nens. Nos fue dando indicaciones de lo que teníamos que hacer y nos vimos tres veces en dos semanas. Aunque sólo pasaban dos días entre visita y visita, a nosotros nos parecía una eternidad, porque nuestra hija seguía resistiéndose a comer y apenas se aguantaba de pie sin ayuda. Son momentos de una angustia extrema, de un desconcierto total, de un desconocimiento increíble de lo que está pasando y de una gran necesidad de ayuda y apoyo por parte de alguien que te pueda asesorar y porque, realmente, en estos primeros momentos no sabes en absoluto qué tienes que hacer o cómo debes tratar tu propia hija.


Desde el primer momento la psicóloga nos animó. Si se confirmaban las sospechas de que era anorexia nerviosa, era una enfermedad que se podía curar. Con paciencia, esfuerzo, constancia, siguiendo al pie de la letra todas las indicaciones y con tiempo, mucho tiempo. En aquellos momentos sólo el hecho de sentir que se podía curar ya era una esperanza que nos hizo soportar los tiempos más difíciles los comienzos de la enfermedad.


Y en la tercera visita llegó la confirmación: nuestra hija tenía (y todavía tiene ) anorexia nerviosa . Aunque nos sentimos aliviados por tener un diagnóstico claro, no es algo que puedas asimilar fácilmente como padres. Nos costó muchas lágrimas, mucha angustia, mucho sufrimiento y tranquilamente dos semanas de digerir y aceptar el diagnóstico. Nos preguntábamos qué había pasado, por qué todo había cambiado de repente, qué habíamos hecho mal o por qué nos había tenido que tocar a nosotros.


Al cabo de dos días de la última visita al Hospital de Nens, nuestra hija entró en el hospital de día del servicio especializado en el tratamiento de los trastornos alimentarios. Inicialmente sólo había que ir dos días a la semana, pero en casa seguía sin comer y finalmente, después otra visita con la pediatra del Hospital de Nens, y hablando con las psicólogas, se decidió que estuviera todos los días (de lunes a viernes) en el centro de día. Evidentemente esto fue un gran trastorno familiar. No podía ir a la escuela, teníamos que organizar para llevarla cada día a Barcelona, seguía sin comer...

Pero la alternativa extrema de ingresar a un hospital y no verla durante un mes era mucho peor. Los especialistas del servicio " batallaban " con ella de día ya nosotros nos tocaba la cena y controlarla por la noche. Fueron tiempos extremadamente duros, y estuvimos luchando durante dos largos meses para empezar a normalizar poco a poco el tema de las comidas y que nuestra hija entendiera que no permitiríamos que no comiera.


La mejora hubiera sido imposible sin el asesoramiento y el acompañamiento del equipo de SETCA , las reuniones familiares, las reuniones con otras familias que tienen el mismo problema que nosotros , las llamadas, los correos electrónicos, el contacto directo , constante y sincero con la psicóloga que lleva nuestra hija y con el resto del equipo.


Y ya ha pasado casi un año, y seguimos haciendo revisiones periódicas con la pediatra del Hospital de Nens, y nuestra hija sigue yendo al Servicio, pero sólo dos tardes . Al empezar el curso ya volvió a ir a la escuela y podemos hacer vida "normal " teniendo en cuenta que tiene un trastorno alimentario.

Tal y como nos comentaron en las primeras visitas con la psicóloga en el Hospital de Nens, hay mucho tiempo para curar este tipo de enfermedad, y nuestra hija nunca lo ha puesto fácil. Pero vamos avanzando. Las terapias, los talleres y las sesiones de grupo en el centro han conseguido que ella se sienta más feliz y que empiece a entender qué le está pasando. Y nosotros estamos mejor porque estamos convencidos de que estamos en el camino y en el lugar correctos y que conseguirá curarse. Sin embargo, no nos engañemos, todavía hay días que se nos hace pesado y desesperante, y que estamos más desanimados, pero tenemos todo un equipo de profesionales detrás que nos da ánimos y nos guía para seguir adelante. Todo este proceso hubiera sido imposible sin ellas.


Historia real, testimonio de unos padres. Desde aquí nuestro agradecimiento por compartir su historia. 

miércoles, 9 de abril de 2014

Reflejo de succión: innato pero educable



La capacidad de mamar es innata en todos los mamíferos. El ser humano aprende el patrón de succión dentro del vientre materno.

Este aprendizaje se inicia a las 16 semanas de gestación con el reflejo de deglución y se completa a las 20 semanas con el reflejo de succión.

La coordinación de estos dos reflejos se produce a las 32 semanas de gestación. Por lo tanto, los bebés nacidos antes de las 32 semanas de gestación (prematuros) no tendrán reflejo de succión.

En los últimos años, con los avances en el campo de la neonatología, se ha reducido el índice de la mortalidad de los recién nacidos prematuros. Pero estos bebés nacidos antes de término presentan dificultades para alimentarse por la inmadurez de las funciones orales y anatómica de sus órganos orofaciales.

También pueden padecer succión incorrecta aquellos bebés que hayan sido separados de sus madres tempranamente como por ejemplo niños hospitalizados  y/o que presenten algún tipo de patología como un frenillo sublingual hipertrófico (anquiloglosia), labio leporino… En ocasiones, una disfunción oral puede ocasionar el destete precoz del lactante.

Es importante estimular tempranamente la succión a través de técnicas de fisioterapia miofuncional para establecer una succión correcta y placentera.  Contribuyendo al buen desarrollo del bebé pretérmino o a término, pero que por alguna razón lo ha perdido.

En niños con frenillos hipertróficos, es decir, con un frenillo lingual corto, que impidan un amamantamiento correcto habrá que liberar la lengua a través del tratamiento quirúrgico. 

Es importante un diagnóstico a tiempo, valorar las causas que originan una succión incorrecta y si es preciso comenzar a tratar de forma inmediata las disfunciones orales a través de la estimulación sensiomotora-oral para que el bebé recupere el reflejo de succión lo antes posible.

Artículo de la Dra. Sita Pastor, del Servicio de Logopedia y Fisioterapia Miofuncional de la Fundació Hospital de Nens de Barcelona.